Las reformas laborales están convirtiendo a España en un paraíso de la precariedad

​En el mes de abril se han registrado 111.565 parados menos que en el mes de marzo y se han registrado 133.765 afiliados más. Con ello, el número de parados registrados en las oficinas de los Servicios Públicos de Empleo se sitúa en 4.684.301 y el número total de afiliados es de 16.430.053 personas. UGT considera que lo que se vislumbra es un crecimiento empobrecedor, porque estos buenos datos absolutos van de la mano de un fenómeno de extrema gravedad: el fortísimo aumento de la precariedad laboral que se está produciendo y que está dando lugar a un gran incremento de las desigualdades y el riesgo de exclusión social. El sindicato insiste en que sin un cambio en las políticas económicas no será posible salir de la crisis y subraya, entre otras cosas, que es necesario un plan de choque contra el desempleo, aumentar coyunturalmente las prestaciones por desempleo, potenciar el empleo de calidad y promover el aumento de los salarios en la negociación colectiva para reforzar el consumo, reformar el sistema tributario para hacerlo más justo y potente e incidir en la importancia de la formación, la Investigación, Desarrollo e Innovación, o que fluya el crédito para Pymes y familias.

En el mes de abril se han registrado 111.565 parados menos que en el mes de marzo. Con ello, el número de parados registrados en las oficinas de los Servicios Públicos de Empleo se sitúa en 4.684.301. Por su parte, se han registrado 133.765 afiliados más que en marzo (en términos medios de cada mes), con lo que el número total de afiliados es de 16.430.053 personas.

Hay por tanto menos paro y más afiliados en términos absolutos, y ello solo puede merecer una valoración positiva. España se encuentra en una situación de emergencia en términos de desempleo, es nuestro mayor problema tanto a corto como a largo plazo, y así lo venimos señalando desde UGT. Por eso, todo lo que sea paliar esta situación debe ser bienvenido.

Se trata en todo caso de un resultado previsible, puesto que el mes de abril es siempre un buen mes en materia de paro y empleo, debido a que coincide con el período de Semana Santa, que supone un importante tirón de las contrataciones en el sector servicios, esencialmente en los sectores de turismo y hostelería. Por eso, incluso en el reciente período de crisis el paro solo aumentó en los meses de abril en los dos primeros años, 2008 y 2009; y también la afiliación ha aumentado siempre en este mes, con la única excepción del mes central de la crisis, 2009. No obstante, es cierto que se trata de dos datos cuantitativamente notables: el mayor descenso del paro en un mes de abril y el segundo mayor aumento de afiliación, lo que también es destacable.

El paro ha caído tanto en hombres (-58.075) como en mujeres (-53.490); en menores de 25 años (-15.708) y en mayores (-95.857); en todos los sectores (sobre todo en servicios, -84.706); en la que más en Andalucía, -27.674, y en términos relativos en Illes Balears, -11.6%, por el fuerte impacto favorable del turismo).

Con todo, estos buenos datos absolutos van de la mano de un fenómeno de extrema gravedad, por sus consecuencias económicas y sociales: el fortísimo aumento de la precariedad laboral que se está produciendo. El empleo es cada vez de peor calidad. Los cambios laborales que se han producido en nuestro país en los últimos años, y señaladamente la reforma laboral de 2012 y sus posteriores desarrollos, están convirtiendo a nuestro país en el paraíso de la precariedad. Son muchos los indicadores que así lo señalan:

 

  • Los contratos indefinidos siguen representando un porcentaje ínfimo de la contratación total: en abril, el 9,5%. Y el mal llamado contrato de emprendedores tan solo ha supuesto el 6,5% de toda la contratación indefinida, lo que supone el 0,6% de todos los contratos.
  • Como reflejó hace unos días la EPA del primer trimestre, sigue destruyéndose empleo indefinido: en el último año, 210.000 empleos, frente a un aumento de 152.200 empleos temporales.
  • Y crece la importancia de la contratación a tiempo parcial. El 36% de todos los contratos realizados en abril son a tiempo parcial, cuando en el mismo mes de 2010 suponían el 24%. En el caso de los contratos indefinidos, casi la mitad de los concertados en el mes son a tiempo parcial (54.101 de un total de 122.621). Esto se refleja también en el número de personas ocupadas, como hace la EPA: en el último año se han perdido 135.000 empleos a jornada completa, mientras han aumentado en 55.700 los de jornada parcial.

 

En conjunto, se está reflejando en un cambio de la estructura del empleo muy preocupante: se sustituye empleo indefinido a tiempo completo por empleo temporal y a tiempo parcial de carácter involuntario, es decir, que no responde a una preferencia de los trabajadores por estos contratos de menor duración, sino que se ven obligados a aceptarlos porque no encuentran un empleo a jornada completa, y que encubren en muchas ocasiones horas extraordinarias encubiertas y prolongaciones de jornada fraudulentas.

Todo esto es el resultado de la fracasada reforma laboral de 2012. Por eso debe ser retirada. Porque es un marco laboral que fomenta la precariedad, el empleo de baja calidad y el recorte de derechos laborales, un modelo incompatible con un sistema productivo avanzado como el que España necesita.

Esta situación laboral está generando un fuerte aumento de las desigualdades y del riesgo de exclusión social. La tasa de cobertura de las prestaciones por desempleo no deja de caer, provocando la pérdida de rentas de subsistencia a miles de familias. En el mes de marzo (los datos de cobertura se conocen con un mes de retraso respecto de los datos de parados registrados) se ha situado en el 58,9%, la más baja desde abril de 2004, y 21 puntos porcentuales menor que la existente hace tan solo 4 años. Es decir, que solo 59 de cada 100 parados inscritos en las oficinas de empleo cobran alguna prestación; y de ellos, el 56% perciben la asistencial, de menor cuantía. Si tomamos los datos de desempleados de la EPA, la foto aún empeora: solo 45 de cada 100 desempleados cobran alguna prestación.

El desplome obedece no solo al enquistamiento de las situaciones de paro (crece el de larga duración, sino también al recorte de prestaciones y al endurecimiento de los criterios de accesos a las mismas que ha llevado a cabo el gobierno del Partido Popular, en una de las actuaciones más antisociales de este período de crisis. Ello tiene que ver en el hecho de que en 2013 la tasa de riesgo de pobreza se haya situado en España en el 21,6% de la población residente en España, y un punto más entre la población de 16 a 64 años, es decir, la que está en edad de trabajar.

Por eso, a pesar de que se apunten puntuales datos favorables de paro y afiliación, lo cierto es que un análisis riguroso refleja cada vez con mayor nitidez que sin un cambio de las políticas económicas no saldremos de la crisis, por mucho que algunas cifras estadísticas mejoren. No se está construyendo una vía de crecimiento futuro sólida, equilibrada y sostenible, sino todo lo contrario. Lo que se vislumbra es un “crecimiento empobrecedor”, una falsa salida a la crisis: mejorarán los datos registrales de paro y afiliados, mejorarán algunos indicadores macroeconómicos, y también lo harán los resultados de muchas empresas; pero lamentablemente las familias españolas se están instalando en una creciente inseguridad y precariedad, tanto laboral como económica.

Así lo han confirmado las previsiones de primavera de la Comisión Europea conocidas ayer, y que muestran un panorama del que se desprende un mensaje claro: tras cuatro años de políticas de austeridad extrema, nuestro país está mucho peor que entonces:

 

  • Tiene mucho más paro (1,3 millones) y escasas perspectivas de reducción (tasa del 24% en 2015).
  • Unas proyecciones de crecimiento de la actividad ínfimas (1,1% este año).
  • Una deuda galopante y creciente, de más del 100% (en 2009 era del 54%).
  • Y los mayores niveles de desigualdad de toda la Unión Europea.

 

Por eso, desde UGT hemos propuesto una extensa batería de medidas para salir de la crisis, que hemos ofrecido al gobierno, y que resultan a nuestro entender imprescindibles para situar a España en la senda de desarrollo que merece y necesita. A corto plazo cabe señalar estos diez cambios a nivel nacional:

 

  1. Un plan de choque contra el desempleo, con actuaciones dirigidas hacia los que tienen menos posibilidades de inserción
  2. Aumentar coyunturalmente las prestaciones por desempleo, como parte de un plan más extenso dirigido a reforzar las redes de protección social
  3. Abandonar las tesis de la devaluación salarial generalizada, promoviendo aumentos moderados de los salarios en la negociación colectiva, para reforzar el consumo de las familias
  4. Modificar la normativa laboral para potenciar la creación de empleo de calidad
  5. Implementar un sistema de formación acorde a las necesidades de un nuevo sistema productivo
  6. Hacer que el crédito llegue a las pymes y a las familias, lo que requiere en la actualidad del impulso de una banca pública
  7. Diseñar una potente estrategia industrial para el país
  8. Impulsar la I+D+i y la transferencia de tecnología
  9. Cambiar el sistema energético, para hacerlo más eficiente y accesible
  10. Reformar el sistema tributario para hacerlo más potente en términos recaudatorios y más justo