“Prefieren prescindir de su gente en lugar de hacer una reestructuración en profundidad”

Los trabajadores de la Fundación CAI, a través de su Comisión representativa han manifestado esta mañana “sus dudas” de que se haya hecho “todo lo posible” para evitar el despido colectivo que afectará al 50 por ciento de la plantilla, tal y como se les transmitió por parte del Patronato y el equipo directivo. Supondrá además, el cierre de espacios tan emblemáticos para la vida cultural y la acción social como los centros de Huesca y Teruel y la Biblioteca Mariano de Pano de Zaragoza, con 115 años de historia.

FesMC UGT Aragón junto a la Comisión representativa, han ofrecido una rueda de prensa para explicar la situación y ha sostenido que las pérdidas de la Fundación “proceden del deterioro de la estructura financiera y de su gestión”. El portavoz de la Comisión representativa, Daniel Aguelo ha explicado que los 35 millones en 2018 y otros 11 millones en 2019 obedecen a pérdidas activos financieros, que se pueden volver a recuperar y que con el ajuste de 900.000 euros los despidos podrían evitarse. Por ello ha criticado la “inacción” del equipo directivo “no se han buscado subvenciones ni se ha hecho un “esfuerzo real” de financiación alternativa mediante convenios con entidades públicas o privadas. 

En opinión de Victoria Camarena, asesora de FeSMC UGT Aragón y responsable sindical en Ibercaja, quien fue trabajadora de la extinta entidad de ahorro “La Fundación ha heredado la Obra social pero también la manera de actuar. No se han implicado en la gestión y llevan años mirando para otro lado”. Ha señalado que todos los bienes que tenía CAI, los tiene ahora la Fundación y en vez de “gestionarlos han pretendido seguir actuando del mismo modo. Por ello ha defendido que “no puede ser que la solución pase solo y exclusivamente por el despido de la plantilla” y ha añadido que “prefieren prescindir de su gente en lugar de hacer una reestructuración en profundidad” y ello pasa por “empieza por revisar los convenios con pingues beneficios y las propiedades” y ha llamado la atención sobre que una asociación basada en la doctrina social de la iglesia prefiera “seguir manteniendo el patrimonio”.

Aguelo también ha tachado de “inaceptable” que en el ERE no se contemple la “voluntariedad” para acogerse al mismo, ni que exista la opción de prejubilaciones, cuando 13 personas de los 34 de plantilla superan los 55 años de edad. Tampoco tienen respuesta ante la petición de un plan de viabilidad y ni se les ha detallado el proyecto de futuro.

El contexto

La Fundación CAI se creó en 2013, con el mismo quipo directivo de la extinta Obra Social de Caja Inmaculada. A partir de 2018 se producen novedades en la dirección y los trabajadores son informados para que lo entiendan como un cambio para “rehacer el proyecto y que sea viable”. Entre los cambios destaca la absorción de la Fundación CAI - ASC  y es cuando el equipo directivo pasa a estar controlado casi en su totalidad por Acción Social Católica. A pesar de las expectativas creadas, la situación no varía y la única medida de calado que adopta en marzo de 2020 es enviar a un ERTE a la plantilla hasta septiembre del mismo año a pesar de la voluntad de trabajadores y trabajadoras por de continuar su labor en un momento de necesario compromiso y cooperación con la sociedad y, especial sus usuarios, muchos de ellos en situación de vulnerabilidad. Seis meses después se les ha planteado el ERE.

La actividad de los centros

Raquel Bolea y Alicia Esparza trabajadoras de los centros de Fundación CAI en Huesca y Teruel respectivamente, así como Eva Jiméneztrabajadora de la Biblioteca Mariano Pano han puesto en valor la necesidad de continuidad de los centros “porque ayudan a vertebrar el territorio” y porque realizan una ingente labor cultural y social que en muchos casos va a desaparecer si dejan de realizarlas. Sus actividades incluyen desde la creación de escuelas de negocios sociales, hasta convertirse en “centros abiertos” para asociaciones que realizan una tarea cultural, social, asistencial, algunas de ellas relacionados con la discapacidad, el autismo, la salud mental o plataformas ciudadanas. Por su parte, la Biblioteca Mariano de Pano tiene más de cien mil usuarios al año y desarrolla una intensa actividad, cuenta con una amplia red de voluntariado y desarrolla, entre otras muchas acciones el fomento la lectura en familia, en diferentes centros y residencias de mayores.